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viernes, 13 de noviembre de 2009

LA LECHE

Siete falsos mitos sobre la leche

En un producto tan consumido a lo largo de la historia no es de extrañar que hayan surgido numerosas creencias falsas relacionadas con el consumo y las propiedades de la leche. Algunas han llegado hasta nuestros días.

Resulta beneficiosa para la piel. Nuestros antepasados relacionaron el consumo de leche con el rejuvenecimiento de la piel, al observar que la de los niños lactantes era suave y tersa. La realidad es que, aunque la leche tiene ciertas propiedades protectoras, pues de hecho se ha empleado mucho en cosmética, no por consumirla con mayor frecuencia se consigue un efecto real e importante sobre la dermis.

Es peligroso tomarla después de la lactancia. Desde hace ya unos años, existe una corriente de opinión que considera la leche un producto negativo. Los defensores de esta teoría argumentan que ningún mamífero vuelve a probarla después del destete y que el aparato digestivo del bebé está preparado para digerir la leche materna sólo durante la lactancia, ya que después desaparecen de manera natural las enzimas que la metabolizan. Se trata de unas afirmaciones falsas. Los animales no consumen leche porque no son ganaderos; de hecho no la desprecian cuando se la ofrecemos. Sí es cierto que las personas o los grupos sociales que no toman leche regularmente pierden las enzimas que la digieren, especialmente la lactasa, pero sólo por dejar de consumirla. Así, en los países nórdicos es raro ver intolerancias a la lactasa, mientras que en África se da justamente el fenómeno inverso. En España, este pro-blema podría afectar hasta el 20% de la población.

Siempre hay que hervirla. La única leche que debe cocerse es la que se compra cruda, es decir, la que no ha sido sometida a ningún proceso de pasteurización o esterilización. Si se hierve en exceso, la leche pierde parte de su valor nutritivo, por lo que no hay que abusar del calentamiento intenso. Otra cosa es calentar el desayuno con el microondas, ya que esto no implica ninguna merma nutricional.

No se debe mezclar con frutas. Popularmente se acepta que la leche no debe combinarse con frutas ni zumos cítricos. En realidad, no existe ningún estudio serio que haya encontrado una sola razón para no hacer esta combinación. Quizás pueda justificarse por el hecho de que al mezclar, por ejemplo, zumo de naranja y leche, ésta normalmente se corta. Y existe la creencia errónea de que la leche cortada es insana. La leche se altera debido a que en ella crecen microorganismos que degradan la lactosa y producen ácido láctico. Cuando la concentración de éste empieza a ser elevada, las proteínas principales de la leche, las caseínas, son incapaces de mantenerse en solución y precipitan. Esto es lo que vulgarmente se conoce como cortado o cuajado dela leche. Estas bacterias acidificantes pueden ser peligrosas para la salud. Volviendo a la mezcla de zumo de naranja y leche, el ácido lo aporta la fruta. El efecto es el mismo, puesto que hemos acidificado la leche, pero la consecuencia es bien diferente. No existe ningún peligro para la salud, puesto que la causa no es de tipo microbiano, sino meramente física.

Encima de la leche nada eches. Según este dicho popular, después de beber leche no debe ingerirse nada, especialmente zumo de fruta, ya que hace que se corte en el estómago, lo que resulta peligroso para la salud. No tiene ninguna justificación. Se puede ingerir fruta o zumos a la vez que la leche, antes o después, sin que tenga que ser específicamente malo.

Cuanto más cara, más rica. Los precios de la leche son muy variables y dependen en gran medida de los fabricantes. Puede haber muchas marcas, pero fabricantes, es decir, centrales lecheras que garanticen el suministro, hay muy pocas. En muchos casos, se trata de marcas que crean una competencia en el mercado. Así, entre una leche entera de marca blanca, que se presentan con el nombre del supermercado, y la misma con marca comercial concreta puede haber una diferencia de 10 céntimos de euro, y esta misma diferencia se mantiene entre diferentes productos lácteos de distintas marcas. En este sentido, la diferencia de precio no está justificada. Se trata de una cuestión de marcas y de imagen, que también tiene un precio, pero no tanto por la calidad del producto en sí.

Si sabe podrida, la leche es de mala calidad. Aunque el tratamiento térmico de la leche es conservador respecto a la composición del producto, ocurre con relativa frecuencia que el calor causa una alteración que se conoce como gelificación de las leches conservadas. Esto ocurre porque se des-truyen los microorganismos, pero no sus componentes, y especialmente sus enzimas, que pueden atacar las proteínas y la grasa lácteas. Como la leche posee una vida comercial prolongada, estas enzimas van actuando lentamente y destruyen en parte dichos componentes del alimento. La consecuencia es que al abrir el envase, ya sea un tetrabrik o una botella, se nota un sabor a podrido muy desagradable. Normalmente suele alarmar muchísimo al consumidor, aunque no tiene consecuencias.

lunes, 16 de marzo de 2009

CURIOSIDADES DE LOS SIGLOS XV Y XVI

Si visitamos Versalles, veremos que el palacio, quizás el más importante de Francia, no tiene baños.
En la Edad Media no existían cepillos de dientes, perfumes, desodorantes y mucho menos papel higiénico.
Las heces y orinas humanas eran tiradas por la ventana del palacio.
Los abanicos no se usaban por el calor, sino por el mal olor que exhalaba el cuerpo de las personas por debajo de los vestidos.
Por eso, las ropas eran hechas pesadas a propósito para contener los olores de las partes íntimas que no se lavaban casi nunca.
Tampoco la gente se bañaba por la falta de agua corriente y de calor en las habitaciones.
Los baños eran tomados en una bañera enorme llena de agua caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego los otros hombres de la casa por orden de edad, y después las mujeres, también en orden de edad. Al final los niños, y los bebés los últimos.
Cuando se llegaba a ellos, se podía perder un bebé dentro del agua de lo sucia que estaba.
El porqué del ramo de flores de las novias…
En la Edad Media la mayoría de las bodas se celebraba al comienzo del verano.

La razón era sencilla: el primer baño del año era tomado en mayo, entonces en junio el olor de las personas aun era tolerable. Asimismo, como algunos olores ya empezaban a ser molestos, las novias llevaban ramos de flores al lado de su cuerpo en los carruajes para disfrazar el mal olor.
Así nació la tradición del ramo de novia.
En Versailles uno se maravilla con sus jardines, enormes y hermosos, pero en la época eran mas usados como retretes que admirados.
No había baños, y en las fiestas promovidas por la realeza se reunía una gran cantidad de personas.
Los techos de las casas no tenían entretecho.
En las vigas de madera se criaban animales: gatos, perros, ratas y otros.
Cuando llovía las goteras forzaban a los animales a bajar.
De ahí nació la expresión llueven perros y gatos típica anglosajona.
Los más ricos tenían platos de estaño. Ciertos alimentos oxidaban el material, que unido a la falta de higiene de la época, era muy frecuente que mucha gente muriese envenenada.
Los tomates, que son ácidos, provocaban este efecto y fueron considerados tóxicos durante mucho tiempo.
En los vasos ocurría lo mismo donde, al contacto con whisky o cerveza hacia que la gente entrara en un estado narcoléptico producido tanto por la bebida como por el estaño.
Alguien que viese a alguien en ese estado podía pensar que estaba muerto y ya preparaban el entierro.
El cuerpo era colocado sobre la mesa de la cocina durante algunos días y pasaba con la familia mientras ellos comían y bebían esperando que volviese en sí.
Este fue el origen del velatorio que hoy se hace junto al cadáver.
Los lugares para enterrar a los muertos eran pequeños y no había siempre suficiente sitio para todos. Los ataúdes eran abiertos y retirados los huesos para meter otro cadáver. Los huesos eran retirados a un osario. A veces al abrir los ataúdes, se percibía que el enterrado había arañado la tierra, había sido enterrado vivo.

En esta época surgió la idea de agarrar a la muñeca del difunto un hilo, pasarlo por un agujero del ataúd y atarlo a una campanilla sobre la tierra. Si el individuo estaba vivo, sólo tenia que tirar del hilo.
Así sonaría la campanilla y desenterrado, porque por las dudas una persona se quedaba al lado del ataúd durante unos días.
De esta acción surge la expresión salvado por la campana, y no, como muchos piensan, que se originó en el boxeo.