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domingo, 12 de julio de 2009

LOS OBISPOS VASCOS PIDEN PERDON

Los prelados de Vitoria (Miguel Asurmendi)encargado de dar lectura al texto, Bilbao (Ricardo Blázquez) y San Sebastián (Juan María Uriarte) presidieron una ceremonia en la Catedral Nueva de la capital alavesa para recordar en un acto de justicia reparadora y reconciliadora a los ajusticiados. En la homilía, elaborada por los tres obispos, se recordó que más de 70 sacerdotes fueron fusilados en el País Vasco por los dos bandos aunque estos 14 jamás tuvieron un reconocimiento público. No es justificable ni aceptable por más tiempo el silencio que en los medios oficiales de nuestra Iglesia ha envuelto la muerte de estos sacerdotes. Por ello, con humildad, pidió perdón, en nombre de la Iglesia vasca, a Dios y a nuestros hermanos, tras subrayar que el acto tuvo una dimensión de reparación y reconocimiento, de servicio a la verdad para purificar la memoria, aseguró.
El obispo de la capital alavesa Vitoria explicó, las circunstancias que rodearon a estos hechos.
Asurmendi reconoció que los religiosos asesinados (12 sacerdotes, un misionero claretiano y un carmelita descalzo) fueron apresados mientras ejercían su ministerio, según el testimonio de testigos y feligreses. Además, apuntó que en el Boletín Oficial de la Diócesis de Vitoria (la única que existía entonces) sólo se constató el 15 de octubre de 1936 el fallecimiento de los dos primeros sacerdotes.
Después se extendió sobre todos ellos un lamentable silencio de largos años.
Asurmendi comentó que los 14 guipuzcoanos fusilados no habían recibido hasta la fecha ningún tipo de exequias públicas y que sus nombres fueron relegados al silencio. Queremos contribuir a la dignificación de quienes han sido olvidados y a mitigar el dolor de sus familiares y allegados. Queremos pedir perdón e invitar a perdonar, explicó monseñor. Además, insistió en que la celebración no pretendía abrir heridas, sino ayudar a curarlas y aliviarlas.
Con humildad, pedimos perdón a Dios y a nuestros hermanos, manifestó ante doscientos religiosos y cientos de personas, entre los que se encontraban la portavoz del Gobierno vasco, Idoia Mendia, la consejera de Cultura, Blanca Urgell y el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, entre otras autoridades.
El obispo de Vitoria hizo hincapié en que el acto religioso de este sábado tiene una dimensión de reparación, de servicio a la verdad para purificar la memoria; Asimismo, consideró que cuando se recuerda la Guerra Civil y sus doloroso efectos, es necesario tener la mirada puesta en el futuro. Asurmendi solicitó a Dios la fuerza necesaria para rechazar siempre la violencia como medio de resolución de las diferencias y conflictos.
Tras la ceremonia, la portavoz del Gobierno vasco destacó que la paz y la reconciliación se construyen desde la memoria. Nunca es tarde para construir la memoria y no olvidar a las víctimas, recalcó Mendia, quien celebró el paso dado por la Iglesia vasca.

miércoles, 11 de marzo de 2009

LOS BENEFICIOS DEL PERDON

La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora; dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal y peor aún, nos
estancamos en nuestro crecimiento espiritual.

La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allí, escondida.
Las siguientes preguntas te ayudarán a examinar tu corazón para ver si
necesitas perdonar a alguien:

¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?
¿Todavía sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasías de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difícil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difícil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha ofendido?

Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.

Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser como es, o qué situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de víctima y continua con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. Así vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el aquí y el ahora.

Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mí; hasta cierto punto -y lo digo para no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la mayoría. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva tristeza. Por eso les ruego que reafirmen
su amor hacia él. Con este propósito les escribí: para ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. De hecho, si había algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en presencia
de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas" 2 Corintios 2: 5-11.